Cómo la IA potencia la accesibilidad en 2024

Inteligencia artificial

Si 2023 fue el año en el que todo el mundo se volvió loco con las expectativas sobre la inteligencia artificial (IA), 2024 promete ser el año de la madurez de esta tecnología. Sin duda, muchas son las aplicaciones que podemos darle en el día a día. Poco a poco, nos familiarizamos con esta tecnología. Nos despegamos de esos futuros distópicos, cuando no apocalípticos, y nos acercamos más a la realidad. Y, una de las cosas que podemos decir ya es que la IA potencia la accesibilidad de forma espectacular.

Hace unos años, cuando uno echaba un vistazo a los criterios de accesibilidad digital de algún estándar, como las Web Content Accessibility Guidelines (WCAG) (se abre en una ventana nueva), veía con cierto escepticismo algunos de ellos, sobre todo los incluidos en el nivel AAA, el más alto. Cosas como la incorporación de subtítulos o audiodescripción en el material audiovisual emitido en directo se antojaban bastante complicadas, cuando no imposibles.

Hoy, en cambio, no sólo podemos decir que esos criterios de accesibilidad pueden cumplirse con la ayuda de la IA, sino que en algunos casos incluso se superan las previsiones iniciales. Por ejemplo, no sólo podemos incorporar subtítulos de forma automática a un vídeo en directo, sino que además podemos traducirlo instantáneamente a varios idiomas. Sí, es cierto que las transcripciones no son siempre 100% fidedignas, pero el salto es enorme.

Otro ejemplo podemos encontrarlo en el reconocimiento de imágenes. La potencia de esta técnica empieza a ser tan grande que permite obtener una representación textual de la escena que se presenta. Como en el caso anterior, no está exenta de errores y tampoco es capaz de comprender la importancia que tiene la imagen en su contexto; qué aspectos debería resaltar de ella en función de la labor que desempeña. No obstante, no deja de ser un recurso útil cuando no tenemos nada mejor a mano.

Por supuesto, esta tecnología también permite mejorar la calidad del sonido, filtrando ruidos en las grabaciones (se abre en una ventana nueva) o resaltando algunos aspectos, como las voces (se abre en una ventana nueva), sobre los efectos de sonido o la música. Esto permite comprender mejor el contenido y librarnos de esos momentos irritantes en los que tienes que rebobinar porque no acabas de entender qué han dicho exactamente en medio de la escena de acción de turno.

Pero si estás del todo limitado en cuanto al aspecto sonoro, no hay problema. También puedes transcribir de forma automática un audio (se abre en una ventana nueva) o incluso resumirlo (se abre en una ventana nueva) para no perder tanto tiempo. Incluso, podemos pedirle a una IA generativa que nos explique con más detalle algún aspecto de algo que no entendamos.

Pero si lo que queremos es hacer nuestro trabajo diario sin comernos mucho la cabeza, podemos recurrir a la ayuda de asistentes como Copilot (se abre en una ventana nueva), que harán justo lo que queremos sin necesidad de saber exactamente cómo se hace. Eso sí, no descartaría que tengáis que pasar por caja para ello.

Si habéis echado un ojo a alguno de los enlaces que he ido dejando, os habréis dado cuenta de que no me he centrado en ninguna plataforma o producto en particular. Y eso es bueno. Quiere decir que estamos inmersos en una carrera en la que todos los corredores están poniendo toda la carne en el asador. Saben a ciencia cierta que quien se quede rezagado ahora, puede acabar fuera de la pista dentro de no mucho tiempo. Eso también garantiza que no se trata de una moda pasajera. Ha venido para quedarse y la IA potencia la accesibilidad como cualquier otro campo.

En cuanto a nosotros, como usuarios, debemos tener en cuenta esta nueva tendencia a la hora de tomar decisiones de consumo. Por ejemplo, podemos seleccionar el dispositivo en función de las características que la plataforma software (iOS, Android, Windows…) nos ofrece potenciadas por IA. O, si estamos barajando diferentes opciones dentro del mismo ecosistema, fijarnos en lo preparado que está el hardware para estas funcionalidades. Apple fue la primera en incluir NPU (unidades de procesamiento neuronal) en sus chips, primero móviles y luego ordenadores. El resto de fabricantes de terminales móviles no tardaron en seguir su estela, pero ahora incluso los PC tradicionales empiezan a contar con esta posibilidad. Y digo empiezan porque fue el año pasado cuando algunos procesadores la incorporaron por primera vez. Si la IA potencia la accesibilidad y el hardware potencia la IA, entonces es claro que el hardware potencia la accesibilidad.

Por otro lado, también es nuestra responsabilidad explorar los límites de estas tecnologías y determinar cuánto pueden ayudarnos. Si la IA potencia la accesibilidad y la accesibilidad nos permite trabajar, estudiar, disfrutar y, en definitiva, ser personas, la IA nos permitirá ser más humanos que nunca, por paradójico que pueda parecer.

por supuesto, no podemos perder de vista los riesgos que entraña. Ya hablamos de cómo la Unión Europea había impedido el despliegue de Copilot en territorio comunitario. La IA, como todas las tecnologías, requiere de una cierta responsabilidad y comprensión por nuestra parte. Si no, podemos acabar regalando toda nuestra información de forma inconsciente y gratuita a grandes empresas. Así que, aunque nos permita hacer cosas sin que tengamos que saber exactamente cómo, sí que sería bueno saber a qué nos estamos exponiendo en el proceso. Si la IA potencia la accesibilidad y la IA potencia los riesgos de que perdamos el control de nuestros datos, la accesibilidad puede aumentar esos riesgos si no la utilizamos de forma responsable.

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