El patinete eléctrico, enemigo público número uno

Me animo a escribir este artículo después de que mi esposa, ciega como yo, haya tropezado por enésima vez con uno de estos vehículos aparcados en la acera. Esta vez, produciéndole lesiones de gravedad moderada que, de momento, le tienen de baja ya durante un mes.

El patinete eléctrico se ha convertido en un vecino habitual en nuestras ciudades. La lucha contra el cambio climático y la versatilidad que ofrece a los usuarios, han hecho que su adopción no pare de crecer. Y, sin embargo, al mismo tiempo se ha convertido en una fuente de quejas habitual entre los ciudadanos, especialmente entre aquellos que sufren alguna discapacidad o cuentan con su movilidad restringida. En esta entrada abordaremos cuáles son los principales problemas que presentan y por qué son considerados el enemigo urbano número uno por muchos colectivos. Pero, primero, veamos qué es un patinete eléctrico y la regulación que existe en España al respecto.

El patinete y la normativa

Un patinete eléctrico es un vehículo de movilidad personal (VMP) con motor. Por tanto, se trata de un vehículo de una sola plaza. Su velocidad máxima está limitada a 25 Km/h, aunque dependiendo de la vía por la que circule, este límite puede ser inferior. Puede hacerlo por las mismas vías que una bicicleta en ciudad, pero nunca por aceras.

En cuanto al estacionamiento, pueden utilizar aquellos especificados para bicicletas o motos, además de los estacionamientos normales siempre que no impidan la entrada de otros vehículos. Además, también pueden hacerlo en aceras amplias, siempre que no estorben el paso de personas con movilidad reducida.

No es necesario disponer de ningún carnet para conducir este tipo de vehículos, aunque la edad mínima es de 15 años. Tampoco es necesario contratar un seguro, salvo excepciones. Lo que sí es obligatorio es llevar casco mientras se utiliza.

Lo que encontramos en la calle

Si habéis leído con más o menos atención y podéis echar un vistazo a vuestro alrededor cuando camináis por la calle, os habréis fijado en que algunas de las normas para el uso de este tipo de VMP se infringen de forma sistemática. Por ejemplo, es bastante común ver algunos usuarios atajando por la acera, cruzándose la mediana por pasos de peatones o llevando algún acompañante con ellos (mención aparte para los padres que cargan con sus hijos). Algunas de estas infracciones son peligrosas para el propio usuario, pero otras también ponen en peligro a los peatones, e incluso a otros conductores.

Está claro que la no necesidad de carnet para conducir los patinetes no ayuda. Muchos usuarios son jóvenes adolescentes que cometen innumerables infracciones de tráfico mientras conducen, ya sea por temeridad o simple desconocimiento de las reglas de circulación. Adelantamientos por la derecha, cruces imprudentes entre los coches, salto de la señalización de tráfico…

Pero, además, la propia normativa produce un limbo en cuanto al estacionamiento. ¿Cuándo se supone que un patinete aparcado en la acera estorba a personas con movilidad reducida? Es un criterio bastante subjetivo. Podríamos considerar como medida estándar que una silla de ruedas pueda pasar sin problema, pero esto haría necesario andar con una de estas herramientas a mano, o bien una cinta métrica que establezca exactamente los centímetros que deben dejar libres. Si bien, sería un esfuerzo vano, ya que el usuario podría alegar que, al ser un vehículo más o menos ligero y fácil de desplazar, un tercero lo ha cambiado de lugar o posición.

En todo caso, no deja de ser un criterio muy poco adecuado. Existe una problemática real y común de las personas ciegas con este tipo de vehículo. Ya no cuando circulan por las aceras, lo que conlleva un peligro enorme al producir poco ruido y no saber por dónde pueden venir. También cuando están estacionados. La morfología de estos vehículos tiene un perfil muy bajo exceptuando el manillar, lo que provoca que su detección con el bastón sea francamente complicada. Prácticamente, es echar un boleto de lotería para que el invidente trace el arco en el momento adecuado. Si no, el bastón pasa por encima y lo menos grave que puede ocurrir es un doloroso golpe en la parte baja de la tibia o el tobillo. En casos en los que se circula a cierta velocidad, puede acarrear una caída que, en las aceras estrechas, incluso pueden acabar con el peatón derribado en la calzada. Algo, obviamente, muy peligroso.

¿Qué hacen las autoridades al respecto?

Como complemento a la normativa de tráfico a estos vehículos, las diferentes ciudades, en especial aquellas donde su uso es más habitual, han elaborado ordenanzas municipales que regulan algunos de los aspectos que no están claros. Así, por ejemplo, en Madrid es obligatorio que los patinetes de alquiler cuenten con un seguro de responsabilidad civil, mientras que en Barcelona su estacionamiento está regulado en plazas habilitadas para ello.

Por tanto, una de las principales excusas que ofrecen los ayuntamientos, que ellos no pueden hacer nada, es mentira. La normativa municipal tiene la última palabra al respecto de estos VMP. Es frustrante ver cómo la policía local y los funcionarios se escudan en esa base, cuando es totalmente falsa.

Otra forma de eludir la responsabilidad que se encuentra habitualmente es delegarla por entero en los usuarios. Esto es problemático, ya que, aunque se lleve a cabo un registro de quiénes han utilizado los vehículos de alquiler por última vez, no es una prueba suficiente para demostrar que han sido ellos quienes lo han estacionado de manera incorrecta. Esto se debe a la ligereza de los vehículos y la posibilidad de desplazarlos con facilidad sin necesidad de acceder a su sistema motriz. En otras palabras, las autoridades deben ser testigos de la infracción o, de lo contrario, no es posible multar al usuario. En todo caso, me parece una forma pobre de descargar la responsabilidad. Si no es posible determinar quién ha cometido la infracción, la empresa que oferta el servicio debería ser quien se hiciera cargo en caso de mal uso o accidente. Y, en última instancia, si no lo acepta, se debería retirar el servicio. No es de recibo que todo quede en un limbo en el que nadie quiere cargar con el muerto (esperemos que no sea literalmente).

Pero, ¿qué ocurre a nuestro alrededor? Pues en una ciudad tan cosmopolita y pujante contra el cambio climático como París, los patinetes eléctricos de alquiler ya han sido prohibidos y retirados después de un referéndum ciudadano. Los únicos que podrán seguir circulando con normalidad serán los privados de cada cual. Así se termina con los problemas de mal uso y responsabilidad comentados. Mientrass tanto, en Reino Unido los patinetes eléctricos son técnicamente ilegales en cualquier espacio público.

¿Y qué pasa con el planeta?

Sin duda, estos VMP se planteaban como una alternativa sostenible a los vehículos tradicionales para disminuir la huella de carbono y luchar contra el cambio climático. Pueden suponer una verdadera pesadilla para los peatones de todo el mundo. Sin embargo, si se prohíbe su uso, ¿qué ocurre con la lucha contra el cambio climático?

Pues bien, resulta que su utilización no es tan inocua para el planeta como se pensaba. No porque contaminen, sino porque su ciclo de vida es muy corto. Su fabricación y transporte supone, en definitiva, un impacto nada despreciable. Mientras que un patinete privado tiene un ciclo de vida medio de unos dos años, el de uno de alquiler se reduce hasta los dos meses. Además, los VMP de alquiler pueden utilizarse no sólo para reemplazar el uso de los transportes tradicionales, sino también para sustituir el desplazamiento a pie, lo que reduce sensiblemente la comparativa en cuanto a emisiones de ambos medios de transporte.

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