Escritorios virtuales en Windows 10

Windows 10 no ha parado de traer novedades desde su salida, hace ya algunos años. Algunas han aportado aire fresco a su estética, mientras que otras han dotado a los usuarios de potentes herramientas, como WSL, que nos permite ejecutar aplicaciones de Linux sin tener que instalar una máquina virtual.

Una de las características más importantes que podemos encontrar para organizar nuestro espacio de trabajo es el sistema de escritorios. Y, sí, hay que decirlo en plural, ya que el sistema operativo de Microsoft permite mantener varias de estas áreas al mismo tiempo. Es posible que muchos usuarios no sepan de su existencia o no tengan muy claro cómo se usa. Así que, vamos a ver algunos tips imprescindibles para mejorar la forma en que trabajamos. ¿Listos? ¡Empezamos!

En primer lugar, hablaremos de la vista de tareas. Si acostumbras a utilizar el teclado para manejarte con tu equipo, te habrás encontrado con ella al pulsar las teclas Windows + Tab. Este es un apartado que ha tomado bastantes vitaminas en la décima iteración del sistema. En otras versiones, encontrábamos básicamente las  ventanas que teníamos abiertas en cada momento, pudiendo desplazarnos por ellas de una forma sencilla. Sin embargo, en Windows 10 se añadió la vista del timeline, que nos permite retomar rápidamente tareas que habíamos dejado en otro momento, y los escritorios virtuales.
Si tienes tu sistema actualizado y tabulas por esta vista de tareas, encontrarás el apartado de escritorios virtuales. En condiciones normales, aquí sólo aparece uno, además del botón para crear un nuevo escritorio virtual.
Pero, ¡un momento! Estaréis pensando: para qué narices quiero yo tener varios escritorios virtuales, si ya me cuesta bastante aclararme con tanta pestaña de Diógenes habitando mi navegador. Bueno, la acumulación de basura no es algo que te vaya a resolver nadie, pero los escritorios virtuales te ayudarán a poner un poco de orden en todo el caos. Cuando creamos un nuevo escritorio virtual, este no tiene ninguna ventana abierta. Está limpio. Esto quiere decir que podemos dividir nuestro espacio de trabajo de forma sencilla. Por ejemplo, si no queremos tener nuestras redes sociales a la vista para no distraernos (o para que el jefe no nos pille cuando mire por encima del hombro qué hacemos), podemos abrir este tipo de aplicaciones en un escritorio, mientras que en otro tendremos abiertas nuestras soluciones ofimáticas o nuestros entornos de desarrollo. Así nos ahorraremos un montón de pasos cuando queramos cambiar de una aplicación a otra con la combinación Alt + Tab. Como veis, es muy útil para usuarios de lector de pantalla.
OK, ahora vamos a ir a lo que nos interesa. ¿Cómo lo hago? Ya hemos dicho que podemos acceder a los escritorios virtuales a través de la vista de tareas. Sin embargo, también tenemos algunos atajos que nos harán la vida más fácil y nos permitirá cambiar de entorno justo antes de que nos puedan echar la bronca por estar cotilleando Twitter en vez de trabajar:
  • Windows + Ctrl + D: Crea un nuevo escritorio virtual y nos sitúa en él.
  • Windows + Ctrl + Flecha izquierda: Desplaza al escritorio anterior.
  • Windows + Ctrl + Flecha derecha: Desplaza al siguiente escritorio.
  • Windows + Alt + F4: Cierra el escritorio actual.
Bien, pues ahora que habéis podido probar ávidamente estos atajos, dejad que os cuente algo más: Windows también tiene un par de opciones de configuración respecto a los escritorios virtuales. Podéis encontrarla en la Configuración (Windows + I) > Sistema > Multitarea. Aquí podemos elegir si queremos que las ventanas abiertas en otros escritorios virtuales aparezcan en la barra de tareas y en la secuencia de Alt + Tab. Así que, si no os gusta tener las cosas tan separadas, ¡también podéis hacer un revuelto a vuestro gusto!
Más cosas. Podéis elegir el nombre de vuestros escritorios, por si tenerlos numerados no es bastante intuitivo para vosotros. Para ello, en la vista de tareas (Windows + Tab), nos colocamos sobre el escritorio que queramos renombrar y abrimos el menú contextual (click derecho o tecla aplicaciones). En el menú nos aparecerá una única opción para cambiar el nombre del escritorio. Aunque apaguemos el equipo, al volver a iniciarlo encontraremos la distribución de escritorios tal y como la dejamos. 
Además, podemos gestionar las ventanas entre nuestros escritorios mediante la vista de tareas. Para ello, abrimos el menú contextual de la ventana que deseemos gestionar, ya sea con clic derecho o con la tecla aplicaciones. Entre otras, en el menú veremos la opción mover a, que nos despliega los escritorios que ya tenemos configurados, aparte de la opción de llevarla a un nuevo escritorio. También podemos elegir que la ventana aparezca en todos los escritorios o incluso que todas las ventanas de la misma aplicación aparezcan en todos los escritorios.
En próximas actualizaciones del sistema está previsto que se incorporen nuevas funcionalidades para la gestión de escritorios virtuales. Podremos elegir un fondo diferente para cada uno de ellos y podremos reordenarlos fácilmente desde la vista de tareas. Hasta entonces, esto es todo.
¿Qué os parece? ¿Le sacaréis utilidad? A mí, personalmente, me gusta bastante esta característica, en especial ahora que compartir la pantalla con los compañeros está a la orden del día y no siempre queremos que se pueda ver algo que puede ser más o menos privado. ¿Ya lo conocíais? ¿Os ha gustado? ¡Dejadlo en los comentarios!

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